domingo, 24 de septiembre de 2017

LEOPOLDO LÓPEZ Hay que participar en las lecciones regionales de octubre



Leopoldo López rompió el silencio y se expresa sobre participación en regionales



Foto El Nuevo Herald
Lilian Tintori, esposa del político preso venezolano Leopoldo López, dijo hoy que su marido está de acuerdo con participar en las elecciones regionales que se celebrarán el próximo octubre, debido a que no ve “otra forma de salir” del “desastre que vive Venezuela sino con el voto popular”. EFE
“Leopoldo dice que hay que participar, que los venezolanos quieren votar, quieren salir de este desastre de forma pacífica. No vemos otra forma de salir del desastre que vive Venezuela sino con el voto popular”, dijo Tintori al ser preguntada sobre la posición de su esposo con respecto a los comicios regionales.
Durante una rueda de prensa, indicó que aunque no confían en el sistema electoral actual, creen en la gente, en los venezolanos y “en la defensa del voto”.

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ Desde el puente HONRADEZ INTEGRAL



HONRADEZ INTEGRAL

Todas las actividades de la vida necesitan de honradez total para que sus consecuencias sean realmente positivas. Normalmente confundimos honradez con honestidad y esta última denominación queda reservada para los que no roban ni estafan, para quienes en el ejercicio de funciones públicas o privadas, políticas, profesionales o de cualquier naturaleza, mantienen una línea impecable de conducta. Para algunos son ejemplo a seguir, pero para otros son unos idiotas que desaprovechan oportunidades para superarse o acumular riqueza material y poder en el sentido más amplio de la expresión.
Planteadas las cosas en estos términos, bastante abreviados por cierto, la dirección política del país necesita una dosis extrema de honradez  tanto por parte del oficialismo como de quienes se han convertido en voceros del enorme sentimiento democrático de la nación. Los primeros están claramente identificados por sus estrafalarios comentarios, juicios descabellados, mentiras, disimulos y diarios escándalos derivados de su probada ineficacia y de la alta dosis de corrupción que marca sus ejecutorias. El mundo entero reacciona frente a ellos motivado por la creciente convicción de la presencia protagónica que en Venezuela tienen las estructuras operativas del narcotráfico y del terrorismo. Las alarmas suenan tanto en el continente americano como en el resto del planeta. Las consecuencias son progresivas y crecientes. Se ven y se sienten.
Con relación a los segundos, me refiero a los voceros de la democracia, la exigencia es urgente. No sólo con relación al dinero, a los fondos para financiar sus movimientos y actividades, cuyo origen y destino tiene que ser transparente, sino también a la sinceridad de sus declaraciones y a la claridad que reclama la confianza nacional que necesitan. Me sumo a quienes piden poner punto final al “secretismo”, a esa concepción politiquera según la cual las conveniencias tácticas, incluso estratégicas, pueden servir para sobrevivir, para cuidar espacios o conquistar nuevos, para mantener una relativa “estabilidad” que pudiera ser buena dentro del electoralismo que empaña la visión de algunos de los más importantes voceros. Por supuesto que esas conductas pueden servir para beneficio de personas o grupos, pero nos alejan del objetivo final de cambio profundo por el que tanto sacrificio se ha acumulado.
No me refiero exclusivamente a la próxima elección de gobernadores a realizarse el 15 de octubre. Para ese día las cartas están sobre la mesa. Las consecuencias se verán de inmediato y cada quien deberá asumir la responsabilidad que le corresponde. Pero con relación a los participantes y a los candidatos a gobernadores, con contadas excepciones, veo las campañas en un estilo tradicional y populista preocupante. Pocos mensajes de fondo sobre el cambio, sobre la descentralización, sobre la construcción de una verdadera Federación integrada por Estados y Municipios autónomos. Pocas o ninguna mención a Cuba, al problema de la droga o al terrorismo. No siento convicción en la lucha para poner punto final al centralismo presidencialista. Demasiado de más de lo mismo, aunque quizás un poco mejor.
Lunes, 25 de septiembre de 2017

@osalpaz

CARLOS M. MONTENEGRO Las Repúblicas Chinas

El Mirador Redondo©Carlos M. Montenegro  



China estuvo gobernada por emperadores títeres o por la intrigante y extravagante emperatriz consorte Ci Xi, incapaces de frenar a los extranjeros y de cuidar a sus súbditos

La República de China fue el régimen político que sucedió a la última dinastía imperial, la Qing en 1912. El periodo republicano fue una etapa de grandes convulsiones políticas y sociales bajo el control de los llamados "señores de la guerra". Según Gómez Serrano, el crítico y escritor mexicano, la mejor comparación de la china de 1912 es la de un enorme edificio que se va agrietando por todas partes; acertada comparación, ya que la China multidinástica, cuando amanecía el siglo XX era un país corroído, con sus lógicos altibajos, por el óxido del despotismo y la corrupción acumulada durante milenios. El país estaba parcialmente ocupado por extranjeros, víctima de los tratados de paz desiguales en varias guerras que les obligaba a permitir en exclusiva comerciar con el opio que importaban los británicos y norteamericanos.
China estuvo gobernada por emperadores títeres o por la intrigante y extravagante emperatriz consorte Ci Xi, incapaces de frenar a los extranjeros y de cuidar a sus súbditos. Debido a la debilidad del gobierno central, cada gobernador de provincia era un virrey local que no servían al emperador, buscando la manera de vivir en una grosera opulencia improductiva extrayendo más y más dinero al pueblo que vivía en la miseria, y que producía cada vez más malestar en la gente llana.
La situación no tenía contento a nadie, el debilitamiento del régimen Qing incrementó los problemas internos, lo que permitió que se produjeran múltiples levantamientos contra el gobierno central. Todos fueron sofocados hasta que al final uno de los levantamientos tuvo éxito. Fue cuando tras la revolución de Xinhai el último emperador, Puyi, abdicó definitivamente y cayó para siempre la última dinastía imperial, la Qing, proclamándose la República de China. Era el 12 de febrero de 1912.
Sun Yat Sen (1866-1925) el fundador de la República China, y el más eminente representante del nacionalismo en su país, fue el primer presidente provisional. En 1912 Sun Yat Sen había fundado en la provincia de Cantón el Partido Nacionalista Chino o Kuomintang (KMT), partido basado en los principios del nacionalismo, la democracia y el bienestar social, que ganó por mayoría ese mismo mes las elecciones parlamentarias.
 Sin fuerza real que le apoyara, cedió la presidencia a un antiguo ministro imperial, Yuan Shikai que una vez en el poder traicionando a la república quiso, aunque en vano, coronarse rey y acosó a Sun Yat Sen y sus seguidores destituyéndolos de los puestos de mayor responsabilidad; Sun en 1913 debió huir refugiándose en Japón, desde donde intentó retomar las riendas de su movimiento reunificador de las dispersas provincias chinas.
Al morir Sun en 1925, Chang Kai-shek (1887-1975) asumió el mando del Kuomintang y lanzó la llamada “revolución nacional” en unión con los comunistas: desde sus bases en el sur de China fueron derrotando a los jefes militares semiindependientes que dominaban el centro y norte, hasta lograr la práctica unificación del país en 1927-28. Entonces rompió con los comunistas, a cuyos simpatizantes persiguió de forma sangrienta y formó un gobierno monocolor nacionalista con capital en Nankín.
Prácticamente ejerció una dictadura personal de ideología conservadora, pues intentaba recuperar la armonía social tradicional que predicaba Confucio; el poder fue repartido entre cuatro grandes familias, todas ellas ligadas al dictador: los Chang, los Sung, los Kung y los Chen. Apenas logró la devolución de algunas concesiones coloniales, en cambio abandonó objetivos sociales como la reforma agraria, que había defendido durante el periodo de alianza con los comunistas.
El consiguiente descontento campesino fue la base sobre la que se apoyó la revolución comunista liderada por Mao Tse-tung o Mao Zedong, que a partir de 1930 sumió a China en una guerra civil. Chang Kai-shek venció al “Ejército Rojo” de los comunistas después de combatir con ellos en cinco campañas, obligándoles a retirarse hacia el interior (la “larga marcha” de 1934-36). Pero ello no afianzó el triunfo de Chang Kai-shek, ya que Mao consiguió refugiarse en la provincia de Yenan, donde fundó una República comunista independiente.
Por otro lado Japón, dirigió hacia China sus ambiciones de expansión territorial, ocupando sucesivamente Manchuria (1932), Jehol (1933) y la costa norte de China, incluyendo Pekín y Nankín, hasta Shanghái (1937) y Taiwan. La parte más densamente poblada del país quedaba así en manos extranjeras. Chang hubo de aliarse de nuevo con Mao Tse-tung para encarar una resistencia más eficaz a los invasores; a cambio los comunistas le cedieron el mando supremo de las operaciones militares. La Guerra Chino-Japonesa de 1937-1945 fue un capítulo más de la Segunda Guerra Mundial y un paréntesis en la guerra civil china.
Tan pronto como la contraofensiva de los aliados (británicos y norteamericanos) derrotó al Japón en 1945, los nacionalistas de Chang Kai-shek y comunistas de Mao Tse-tung reanudaron las hostilidades en una nueva cruel guerra civil, que se extendería hasta 1949. El Kuomintang consiguió controlar las grandes ciudades, pero los comunistas, apoyados en la miseria del campesinado, fueron avanzando posiciones. En 1947 las fuerzas comunistas protagonizaron una gran ofensiva que culminó con la reconquista de Manchuria y la conquista de las ciudades más importantes. Sumido en el desorden y la corrupción, el ejército nacionalista cesó la lucha y los dirigentes del Kuomintang abandonaron el continente y se refugiaron con sus partidarios (unos dos millones de personas) en la isla de Formosa (Taiwan) devuelta por los japoneses en 1945, ayudados por la Séptima Flota de EEUU. Debido al manifiesto anticomunismo de Chiang Kai-shek y en el contexto de la “guerra fría”, Washington apoyó sin restricciones, y hasta el día de hoy, a la Administración de la República de China nacionalista.
Mientras, el Ejército Popular de Liberación de Mao ocupó todo el territorio continental implantando la República Popular China (1949), que con pocas excepciones solo fue reconocida por los países comunistas. El resto del mundo occidental y la ONU, recién fundada, no quisieron reconocer al nuevo Estado, sosteniendo que el único depositario de la legitimidad china era el gobierno de la República China nacionalista de Chiang Kai-shek.
La gran paradoja es que apenas unos pocos millones de chinos guarecidos en una isla tenían la representación de la totalidad de China en las Naciones Unidas, con más de 600 millones desde el correspondiente sillón de Miembro Permanente del Consejo de Seguridad, junto a la URRS, Francia, Reino Unido y EEUU, como vencedores de la II Guerra, mientras que la China de Mao, excluida de la ONU, era sometida a un bloqueo económico.
Sin embargo la realidad se impuso y el 25 de Octubre de 1971 la Asamblea General de Naciones Unidas a solicitud de Albania, la República Popular China fue aceptada como miembro de pleno derecho de la ONU por mayoría de votos de dos tercios; 76 a favor (entre ellos la URRS), 35 en contra (entre ellos EEUU y Venezuela), 17 abstenciones y 3 ausencias, ocupando así el lugar de la República China de Taiwan, y expulsando a los representantes de Chiang Kai-shek del puesto que ocuparon desde la fundación de las Naciones Unidas.
Esta medida puso fin a la permanencia de la Republica de China en la ONU y sigue siendo un punto álgido de discusión sobre su situación política. Sin embargo desde 1991, los nacionalistas han vuelto a solicitar su incorporación a la ONU para representar al pueblo de Taiwán y sus islas periféricas bajo nombres como "República de China en Taiwán" o “Taiwan” a secas, asunto aún pendiente.
A pesar de todo todavía subsisten dos Chinas enfrentadas, que aunque llevan décadas en que de forma tácita cesaron las hostilidades, pero no las amenazas, a diferencia con Corea o Vietnam, no existe entre ellos ningún tratado de paz, ni siquiera un armisticio firmado, por lo que técnicamente los nacionalistas y comunistas chinos aún están en Guerra.

Sin óbice ni cortapisa
Por cierto, en el actual Consejo de Seguridad de la ONU, los cinco miembros permanentes (Rusia, China Popular, Francia, Reino Unido y EEUU) siguen teniendo derecho a veto. Si uno solo de estos países veta una propuesta, ésta queda automáticamente rechazada y sin efecto, aunque todos los demás miembros hayan votado a favor. Cabe preguntarse: ¿Quién vetará en caso de las propuestas contra el gobierno venezolano?


ANTONIO PAIVA tenemos la obligación de votar




Tenemos la obligación de votar porque la dictadura cubana que se ejerce en Venezuela no sólo ha arruinado al país sino que lo ha transformado en un campo de concentración con hambre y miseria por todas partes. La abstención es una tontería que sólo favorece al régimen.
La Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE) se pronuncia sobre las últimas medidas del madurismo. La incapacidad y la ignorancia económica no tienen límites como lo muestra en pocas palabras Ramón Peña. En otro artículo Ramón denuncia la impaciencia e incoherencia de los abstencionistas.
Moisés Naím reflexiona sobre el huracán político de la clase media, que está cambiando la historia del mundo. Les reproduzco la entrevista que, en el mes de agosto, me hiciera la periodista Sofía Torres de Dossier 33.
El economista Enrique González Porras puntualiza la hiperinflación en Venezuela. El analista Joaquín Villalobosdesnuda la gran estafa bolivariana.
España es parte de nosotros, por sangre y por historia, y nos duelen los intentos de secesión catalana. Les recomiendo un amplio reportaje de hoy en El País sobre los mitos y falsedades del independentismo. Carlos Yárnozrepudia el abuso que se hace del pueblo catalán.
Un fuerte abrazo!
Hoy celebramos el cuadragésimo séptimo aniversario de mi Promoción de Economistas de la UCV. Un especial saludo a mis colegas!


EL 15 DE OCTUBRE HAY QUE VOTAR

Carmen Beatriz Fernández

 y Fernando Mires 

HAY QUE VOTAR



EL Próximo 15 de Octubre se celebrarán en Venezuela las elecciones de gobernadores. Decidirán allí los electores quién gobernará su entidad y el proceso será simultáneo en 23 circunscripciones electorales. Son unas elecciones extemporáneas que debieron celebrarse el pasado diciembre, por mandato constitucional. Resulta que el chavismo, que alardeaba tanto de la muy frecuente convocatoria a las urnas, dejó de celebrar elecciones apenas comenzó a perderlas.

   1.
   Hoy en Venezuela 3 de cada 4 electores adversan duramente al gobierno de Maduro y así las cosas cualquiera podría esperar que la oposición se hiciera con al menos 20 de las gobernaciones. Pero no es exactamente así el pronóstico, porque mientras que el 25% chavista de la sociedad está convencido de ir a votar, el 75% opositor al régimen de Maduro se debate entre si ir a votar o dejar de hacerlo, con lo cual la batalla en las urnas electorales se hace mucho más equilibrada.  Si la gran mayoría de los electores que se oponen al gobierno acuden a votar, la oposición podría incluso ganar las 23 gobernaciones.  Eso no pasará, entre otras razones porque el gobierno usará toda su fuerza argumental para disuadir a los opositores de que vayan a votar. ¿Qué argumentos usará? Uno muy claro es categorizar a las negociaciones gobierno-oposición como evidencia de un pacto de convivencia, convencer a las bases opositoras de que hay acuerdos turbios y colaboracionismo. Otro argumento, ya más manido, es dejar en evidencia la parcialidad del árbitro electoral y su posibilidad de torcer el resultado de las urnas.
   El dilema sobre si participar o no, no es banal.  Porque seamos francos, estas elecciones regionales no van a sacar a Maduro del poder. Para ser aún más francos: los gobernadores opositores que se hagan con las gobernaciones donde ganen serán perseguidos, sus presupuestos minimizados, y quizás se creen estructuras paralelas a las gobernaciones regentadas por los candidatos perdedores.  Pero podemos ser aún más cruelmente francos: es posible que los gobernadores opositores electos no puedan mejorar ni un ápice las condiciones de vida de los electores que confiaron en ellos y encima es también muy probable que el árbitro electoral trampee las elecciones.
Aún así estamos convencidos de que hay que votar. Hay que votar por y con convicción, para no ser lo que es mi adversario. En una preciosa película española titulada “La lengua de las mariposas” ambientada en los años de la República Española, el gran Fernando Fernán Gómez, que hacía de maestro de escuela asegura en una escena conmovedora: "si conseguimos que una sola generación crezca libre, tan solo una sola generación, ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad, nadie les podrá robar ese tesoro". Y tenía razón. 
   Con mucho menos sentido poético que Fernán Gómez, pero mayor contundencia cuantitativa, el académico Adam Przeworski condujo una  investigación donde analizaba casi 3000 transiciones de poder, todas las ocurridas en el mundo desde el siglo XIX, y concluía algo muy parecido al maestro de “La lengua de las mariposas”: si una sociedad ha vivido al menos dos cambios de gobierno en su historia democrática, esa sociedad tiene muchas más posibilidades de resolver sus conflictos por la vía electoral que por la fuerza. Es ese un factor fundamental que diferencia a la dictadura venezolana de la cubana, la norcoreana o de las del medio oriente.
   Si la sociedad venezolana se ha resistido con tal fuerza al proceso de tiranización que condujo el chavismo durante dos décadas, es, precisamente, por la fuerza democrática de esa sociedad fraguada durante dos generaciones bajo libertad. Hay que votar por nuestros valores, por la cultura democrática que poseemos. Porque es ella la que nos distingue como sociedad. Y es esa cultura, precisamente, la que a la dictadura le gustaría borrarnos.
   Pero además hay que votar porque 15 o 18 gobernadores opositores, en lugar de los apenas tres que actualmente no pertenecen al oficialismo, harán más débil al régimen de Nicolás Maduro. Definitivamente. 
   2. 

   Definitivamente hay que votar. No obstante, hay fracciones dentro de la oposición que han hecho del no-votar una doctrina de acción, o una extraña militancia que levanta el abstencionismo como bandera. Claro está, siempre ha habido abstencionistas. Algunos, cuando ven inevitable la victoria, terminan por subirse al carro en el último segundo.  Otros esperan las próximas elecciones para volver a enarbolar el estandarte de la abstención.
   Lo nuevo, lo verdaderamente nuevo en vísperas de las elecciones regionales que se avecinan, es la virulencia desatada en contra del acto electoral.  Más aún: por primera vez el abstencionismo ha asumido una forma orgánica. Un partido o coalición de partidos, o movimiento, llamado Yo soy Venezuela (?) se ha separado de la MUD, esgrimiendo el abstencionismo como programa de acción.
   Ya ha sido dicho, el argumento de que “con este CNE no votamos” no convence a nadie.  Las pruebas están al canto.  Es el mismo CNE con el cual fue conquistada la AN.  La historia electoral de Venezuela ha demostrado hasta la saciedad que, cuando hay vigilancia de mesa a mesa (mesa vigilada, mesa ganada) y avalancha de votos, no hay CNE que valga.
   El argumento relativo a que votando se legitima a la dictadura padece de inconsistencia.  Primero, no hay dictadura que se legitime con votos en contra. Segundo, no hay dictadura a la que le guste hacer elecciones.  Si las hace es solo porque la presión internacional ha alcanzado niveles gigantescos. Tercero, lo que más desea la dictadura es que la abstención se imponga en el bando opositor. Esa es la única oportunidad que le resta y a ella está apostando con todo, para así mostrar al mundo que no es la dictadura, sino la oposición la que no quiere elecciones.  No votar es sin duda el mejor medio para regalar a Maduro la legitimidad constitucional de la que hoy carece.
   Afirmar que no se debe votar porque el llamado electoral lo hizo la constituyente significa asumir la lógica de Maduro.  Las elecciones estaban previstas en la Constitución mucho antes de que fuera fraguada la constituyente.  Con mayor razón si la oposición logra imprimir a las elecciones el sello de la defensa de la Constitución en contra de la constituyente.  Las elecciones continuarán el camino trazado por las grandes demostraciones de masas, nacidas en abril, precisamente en defensa de la AN y de la Constitución y, por lo mismo, del sufragio universal.
   Poner como alternativa la lucha de calles en contra de la alternativa electoral, es francamente absurdo.  Las campañas electorales no se hacen en las nubes sino en las calles, en el puerta a puerta, en el boca a boca, en las manifestaciones, sobre todo en localidades donde, al no haber universidades, no llegan las demostraciones políticas cuando no hay elecciones
   Pensar que la lucha de calles puede por sí sola derribar a la dictadura es infantil.  Nunca ha ocurrido en la historia algo parecido.  Creer que las demostraciones de calle pueden dividir al ejército, demostró ser una alternativa falsa. La dictadura venezolana no es una dictadura apoyada por militares.  Es, hay que repetirlo, una dictadura de los militares.
   Por lo demás, cualquiera esperanza en una asonada, golpe o división del ejército, es solo una hipótesis.  Apostar los movimientos de calle a una hipótesis es una aventura.  Lo mismo puede decirse acerca de la posibilidad de una intervención externa.  Ofrendar vidas humanas para que, quizás, desde el exterior llegue la salvación, bordea la patología.  Ni Trump ni nadie puede asumir desde fuera el rol político que le corresponde a la oposición venezolana.
   Desde hace tiempo ya, la oposición ha definido su identidad como democrática, constitucional, pacífica y electoral.  Esa definición le ha permitido mantener una continuidad política que produce asombro entre los observadores externos.  El hilo constitucional lo tiene la oposición democrática en sus manos y no debe soltarlo jamás.  A ese hilo pertenecen las elecciones periódicas.  Romper ese hilo, o dejarlo abandonado en el camino, en nombre de fantasías irrealizables, significaría para la oposición negar su propia historia. O en palabras más directas, significaría capitular.
   Todavía hay tiempo para que el partido de los abstencionistas recapacite.  Está a punto de cometer un error histórico de enormes proporciones.  Si persiste en caminar por una vía antielectoral, se colocará definitivamente al otro lado de la línea. Ya no serán más aliados, ni siquiera compañeros que equivocaron la ruta. Tampoco serán los amigos con los cuales estamos de acuerdo en los fines pero no en los medios.  La historia moderna ha demostrado continuamente que la contradicción entre medios y fines no ha existido nunca.  Los fines, en la política, están en los medios.
   La unidad, la unidad y nada más que la unidad electoral es la alternativa.  Hay que votar.  Definitivamente sí; hay que votar.